Me trabé: Por qué practicar más no siempre es la solución.

Me trabé: Por qué practicar más no siempre es la solución.

Es frustrante.
Te sentás a la batería, tocás el mismo fill que te sale desde hace dos años, pasás por el mismo groove de siempre y, a los quince minutos, sentís que el estudio deja de decirte algo nuevo.

No es que no sabés tocar.
No es que no practiques.
Pero algo no termina de ordenarse.

Muchos creen que la salida está en buscar un ejercicio “imposible” en Instagram, cambiar de método o duplicar las horas de práctica. Pero, en la mayoría de los casos, el problema no es la falta de información.

El problema es cómo estamos usando lo que ya sabemos.

 

El error del piloto automático

Llega un momento en el que el cuerpo aprende a tocar sin que la cabeza esté del todo presente.
Las manos se mueven solas.
El tempo aparece.
El groove funciona.

Pero el estudio empieza a repetirse.

Repetimos patrones por inercia. Tocamos sin hacernos preguntas. Estudiamos sin revisar decisiones.
Eso que muchas veces se celebra como “memoria muscular” puede convertirse, sin darnos cuenta, en un techo.

El estancamiento no suele ser falta de recursos.
Suele ser exceso de ruido y falta de criterio.

Cuando alguien llega a mis clases con esta sensación de meseta, no buscamos una receta nueva ni sumamos contenido por ansiedad.
Buscamos ordenar lo que ya aparece.

No siempre necesitás tocar más rápido.
A veces sí.
Pero no como reflejo automático frente al estancamiento.

Practicar más no es practicar mejor

Hay una idea muy instalada: si no avanzás, es porque practicás poco.
Y entonces aparece la culpa.
Más tiempo. Más horas. Más presión.

Pero muchas veces lo que falta no es tiempo, sino presencia.

Un ejercicio fuera de contexto es solo gimnasia.

Podés tocar dos horas en piloto automático y no mover ni un centímetro tu vínculo con el instrumento.
Y también podés tocar veinte minutos con atención real y abrir una puerta nueva.

La diferencia no está en la cantidad.
Está en cómo escuchás lo que hacés mientras estudiás.

Repetición con escucha

En lugar de darle mil veces al mismo rudimento, nos detenemos a escucharlo en serio.
No para ver si “sale”, sino para ver qué decisiones estamos tomando.

¿Qué pasa si lo llevás a otro contexto?
¿Qué pasa si probás algo que todavía no probaste?
¿Qué pasa si lo orquestás diferente o lo acentuás en otro lugar?

Probalo:
tocá ese rudimento que ya sabés, pero bajá el tempo a la mitad.
No busques velocidad: buscá matiz.
Ahí es donde el ejercicio deja de ser gimnasia y empieza a ser lenguaje.

Darle sentido al estudio

Practicar “porque sí” no construye lenguaje.
El estudio empieza a tener sentido cuando cada cosa encuentra su lugar en la música real.

Cuando lo que practicás dialoga con una canción, un ensayo o una banda, el cuerpo entiende otra cosa.
Y el estudio deja de ser acumulación para volverse criterio.

Aceptar la duda

El estancamiento muchas veces viene del miedo a equivocarse.
Entonces arriesgamos poco.
Repetimos lo seguro.
Tocamos lo conocido.

Pero yo concibo la batería como un vínculo que también se construye con dudas.

El error es información pura.
Si algo no sale, en lugar de castigarte, observá dónde se traba el movimiento.
Muchas veces ese nudo físico refleja una duda conceptual.

Permitirse tocar “feo” un rato es, muchas veces, la única forma de descubrir sonidos nuevos que el piloto automático nos tiene prohibidos.

Salir de la meta y volver al vínculo

Si sentís que te trabaste, quizás sea momento de dejar de ver la batería como una meta a alcanzar o como una lista de ejercicios por tachar.

Tal vez el movimiento sea otro:
bajar el ruido,
ordenar lo que ya está,
volver a escucharte.

La batería no se conquista.
Se construye.

Y ese vínculo cambia con el tiempo, con las experiencias musicales y con las personas con las que tocamos.

Una nota final

Escribo estas líneas porque creo que el intercambio de miradas es lo que hace crecer a una comunidad musical.
Este espacio de pensamiento es mi forma de devolverle al instrumento un poco de todo lo que me dio.

Si este texto te ayudó a repensar tu práctica hoy —aunque sea un poco— ya cumplió su objetivo.

No para avanzar más rápido.
Sino para avanzar mejor.

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